Defensa activa: un punto de inflexión…¿contra todos?


Empezamos a escuchar planteamientos y métodos de defensa que pretenden dar un paso más allá frente a las estrategias de “defensa pasiva” que muchos partidos políticos y sindicatos mayoritarios, movimientos ciudadanos como el 15-M,…y buena parte de la ciudadanía defienden —sí, eso de poner la otra mejilla cuando te han llenado de hostias la anterior… ¡como si tuviésemos mejillas para dar y regalar!—. Hay quienes, frente a este modelo de defensa pasiva, comienzan a aplicar métodos que ellos mismos definen como “defensa activa” —si de lo que se trata es de hacer el mejor uso posible de ese recurso lingüístico tan rico en nuestra lengua como es el eufemismo, aquí tenemos una interesante lucha en igualdad de condiciones; porque personas formadas, haberlas ahílas en todos los bandos—.

Algunos de estos planteamientos, incluso, se están poniendo en práctica, como los “black block” o bloque negro del movimiento ciudadano “Asedia el Congreso” (http://plataformaenpie.wordpress.com/). O el movimiento del PAH y sus escraches, tan denostado por el Gobierno actual, pero que ha sido avalado, incluso, por algunos jueces y defendido por el mismísimo Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial (http://www.elplural.com/2013/04/25/archivada-la-primera-denunica-por-escraches-la-constitucion-legitima-manifestarse-frente-a-las-casas-de-los-politicos/; http://politica.elpais.com/politica/2013/04/24/actualidad/1366824100_437075.html).

Un importante movimiento que se viene gestando alrededor de varias figuras intelectuales de nuestro país, entre ellas el anterior Secretario general del PCE y Coordinador de IU, Julio Anguita, el movimiento Frente Cívico-somos mayoría (http://www.publico.es/espana/442616/anguita-presenta-su-frente-civico-para-construir-soberania-nacional), aboga por la creación de un contrapoder frente al poder financiero alemán, “pero siempre desde un rechazo a la violencia física”.

Vemos, pues, como cualquier movimiento de nueva creación o ya existente se ve obligado a posicionarse en cuanto al método de presión que utiliza, ya sea un método “violento” versus “pacífico”, “activo” versus “pasivo”… Esto, en sí mismo, me parece interesante, porque evidencia que existen colectivos que están dispuestos a utilizar métodos más “violentos” como mecanismo de presión para la salida de la crisis (o para la salida de la dramática situación personal de cada uno de sus miembros). Y me parece interesante, no por el mecanismo en sí mismo considerado —pues la consideración de su mayor o menor legitimación es un concepto muy subjetivo, depende del mayor o menor dramatismo de las circunstancias personales que vive quien opina—, sino porque refleja el aumento de la desesperación de muchas personas; porque podríamos estar viviendo un punto de inflexión en la respuesta de la calle frente a la presión del poder financiero.

El movimiento al que aludíamos anteriormente, “Asedia el Congreso”, deja claro en su página web que tipo de métodos defiende (https://maps.google.com/maps/ms?msid=200441987298075654147.0004dabdbf3c8be571a46&msa=0&ll=40.417221,-3.692136&spn=0.028851,0.066047): “es una convocatoria abierta e inclusiva, cuyo carácter original por supuesto es pacífico, como lo es la naturaleza del pueblo. No debería haber ninguna razón para que no lo sea, pero advertimos que no estamos dispuestos a tolerar agresiones en el legítimo ejercicio de la defensa de nuestros derechos fundamentales, por lo que en ella se anima a ejercer la legítima defensa cuando sea necesario, y a respetar las distintas formas de lucha empleadas para este fin (siempre que no se atente contra la vida de personas, y que las acciones se justifiquen como acción defensiva o política y no sean gratuitas)”. Es decir, defienden el carácter pacífico de la convocatoria, pero dejan hacer a aquellos que, en defensa de sus derechos fundamentales, cansados de poner la otra mejilla, decidan dar un paso más allá, siempre que no se atente contra la vida de las personas ni la respuesta sea gratuita. Es un concepto nuevo, pues, que se abre paso: DEJAR HACER —lo que, a modo de antítesis, me recuerda a esa expresión propia del libre mercado y forma liberal de entender la economía que, para muchos de nosotros, resulta en buena parte responsable de la situación de crisis actual: laissez faire, laissez passer (“dejad hacer, dejad pasar”)—. De ahí que el colectivo configurase para el día de la convocatoria y alrededor del Congreso de los Diputados varias zonas tácticas, desde las más alejadas a aquel, hasta las más próximas (el bloque negro), las primeras más pasivas, las últimas más activas en sus métodos de defensa, para que cada cual actuase en función de su “necesidad de expresión” [esta frase es mía].

Creo que este incremento de los métodos de defensa activa se correlaciona con el cada vez mayor nerviosismo del Gobierno del Estado. Prueba de esto último ha sido el reciente Consejo de Ministros del pasado día 27 de abril. La Vicepresidenta del Gobierno, el Ministro de Economía y el Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, en la rueda de prensa posterior a su celebración, manifestaban excesivo nerviosismo, desesperanza, impotencia e incapacidad, más de lo acostumbrado, y así ha sido puesto de manifiesto por las fuerzas políticas mayoritarias de la oposición (http://www.izquierda-unida.es/node/12115; http://www.psoe.es/saladeprensa/pressnotes/686738/page/rubalcaba-consejo-ministros-dejo-claro-que-gobierno-siente-impotente-incapaz-que-se-rendido-no-sabe-como-salir-la-crisis.html). No es para menos: debían comunicar a lo más de 6 millones de parados de este país que tiran la toalla frente a su [nuestro] gran problema. Insisto, estamos viviendo un punto de inflexión…pero añado en estos momentos, para ambas partes.

Ahora bien, concluyo poniendo énfasis en el siguiente aspecto: frente a este incremento de la defensa activa como método de presión existe, a mi juicio, un grave riesgo de que vuelva a repetirse el error que ya se produjera con ocasión de todos los movimientos ciudadanos que nacieron hace cuatro años al socaire de la crisis económica, esto es, considerar que todo y todos son iguales.

Porque NO todos los movimientos sociales son iguales, porque NO todas las fuerzas políticas son iguales, porque NO todos los sindicatos son iguales, porque NO todos los políticos son iguales…porque NO todas las personas son iguales. Y si estamos en un punto de inflexión, también nos encontramos en un buen momento para reconducir este error. Cuando se asedie el Congreso, piénsese en que no todos los que allí dentro se encuentran defienden las mismas posiciones políticas y, mucho menos, todos ellos tienen la misma cuota de responsabilidad sobre la situación de crisis que vivimos…Porque hay quienes, ni tan siquiera, han gobernado y, por lo tanto, deban ser considerados responsables de las decisiones que nos han llevado a este drama; porque piénsese que, cuando se hace una crítica al movimiento sindical con afirmaciones del tipo “todos los sindicatos están aburguesados”, se hace un flaco favor a la clase obrera, una de las principales perjudicadas, pues NO todos los sindicatos son iguales [un ejemplo lo tenemos con el SAT y sus movimientos de lucha activa http://www.sindicatoandaluz.org/]; es más, incluso un poder históricamente conservador como lo es el Poder Judicial está asumiendo su responsabilidad y viene realizando una interpretación que intenta frenar parte de los desahucios “financieros”…porque NO todos los jueces son iguales.

Por lo tanto, amigos y amigas, defensa activa, SÍ, pero no contra todos ni contra todo.



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