Carteles de la Guerra Civil Española: No envieu els vostroes productes (75/110)

Aunque la mayoría de los historiadores aceptan que la cuestión campesina, con su carga de injusticias y desigualdades heredadas, es una de las causas que dan origen al estallido de 1936, convendría matizar que el campo español no es una estructura monolítica ni en sus relaciones de propiedad ni en sus inclinaciones políticas. Frente a una Andalucía latifundista, ganada por el anarquismo desde principios de siglo, aparecen las dos Castillas, regiones también agrarias, pero eminentemente conservadoras. Cataluña ofrece un panorama diferente, pues su población campesina está formada por pequeños y medios agricultores, con niveles de vida superiores a los del resto del país y unos cultivos intensivos y rentables. Cuando estalla la sublevación militar en julio de 1936, la República va a encontrarse con un difícil mapa de cara a las subsistencias, pues ha perdido la mayor parte de las zonas agrícolas extensivas y con­serva en cambio casi todas las grandes ciudades. El curso de la guerra acentuará aún más el problema, con la llegada de refugiados a. los que es necesario alimentar. El hambre hará acto de presencia.


Las necesidades de la guerra van a distorsionar la economía agraria catalana. Los comunistas del PSUC defienden la permanencia de la propiedad privada campesina frente a los intentos colectivizadores de la CNT, pero la necesidad de abastecimiento que todo conflicto crea ha roto el proceso natural de comercialización: el mercado libre, en momentos de tanta demanda, puede parecerse más a un centro de especulación que a un verdadero mercado, y el dibujante Evarist Mora lo representa como un bosque de los cuentos infantiles, con ladrones, lobos, cuervos... El cartel recomienda la distribución de los productos a través de los sindicatos agrícolas. La medida, razonable si se analiza teniendo en cuenta las perentorias necesidades de la guerra, debió chocar con la mentalidad de muchos campesinos, como lo demuestra la aparición de un floreciente mercado negro.


El cartel de Mora, un artista ya conocido al principio de la década de los treinta, está impregnado de ese tono tierno, depurado y algo inocente que caracterizaba a muchos de los cartelistas catalanes de antes de la guerra.


Los rasgos pedagógicos y casi infantiles están acentuados porque el receptor del mensaje, el campesino, pertenece a un sector social, que, si no al margen de la política, sí está bastante alejado del fervor revolucionario que recorre los núcleos urbanos de Cataluña.


Detalles técnicos del cartel:

Autor, Evarist Mora. Editor, Dirección General de Agricultura. Barcelona. Medidas, 110 x 77 cm.

(Col. CEHC.)


Fuente: “Carteles de la Guerra Civil Española”, Ediciones Urbión, S.A. 1981.


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