Carteles de la Guerra Civil Española: Enviad los trapos (82/110)

Sola es uno de los artistas españoles con una concepción más moderna del cartel. Al igual que Renau, otro de los innovadores, Sola provenía del mundo de la publicidad comercial, donde había realizado sobre todo marcas y sellos; se había iniciado en el oficio como aprendiz, para independizarse más tarde y conseguir una buena clientela. La agudeza del trazo de su dibujo y su gran capacidad para sintetizar en una imagen el mayor número posible de contenidos y sentimientos, deben bastante a estas experiencias comerciales.


Desgraciadamente su obra durante la guerra se limita al cartel que comentamos y a otro titulado «Unió es forqa. UGT, CNT». Solá se une al colectivo que decora, siguiendo las experiencias de los revolucionarios rusos, los trenes de viajeros, y allí su obra personal desaparece al integrarse en el trabajo cooperativo. A comienzos de 1937, Del Barrio, jefe de una columna que combate en el frente de Aragón, pide a Henry, presidente del Sindicato de Dibujantes Profesionales, un dibujante que, adscrito a su estado mayor, trabaje en La Trinchera, órgano de su unidad. Solá acepta el encargo y cambia la vida urbana por la dureza del frente. Le acompaña en la aventura su amigo Lluís Perotes. Lamentablemente tampoco poseemos muestras de los muchos apuntes que Solá tomó del natural en el campo de batalla y que hubieran supuesto algo equivalente a lo que Sim realizó en las calles barcelonesas el 18 de Julio. Como señala su compañero Fontseré, «una valiosa colección perdida desgraciadamente entre las ruinas de un caserío cualquiera».


Al final de la guerra, Solá y Perotes cruzaron la frontera pirenaica, pero fueron devueltos a España y encarcelados en el campo de concentración de la Merced, en Pamplona, un antiguo convento de carmelitas que quedó grabado en la mente del cartelista por su ambiente de

violencia y de muerte. Solá sobrevivió y hoy reside en Barcelona, dedicado profesionalmente a la publicidad y practicando lo que es su vocación favorita, la pintura de caballete.


El cartel que comentamos es quizá uno de los mejores de entre los dedicados al ejército republicano. La imagen, escasamente realista, presenta en primer plano a un soldado miliciano, de rasgos geométricos, que empuña una bayoneta. La sensación de unidad, disciplina y armamento la obtiene Solá multiplicando en negro la silueta del miliciano. El enemigo queda reducido a la mínima expresión gráfica: una esvástica roja sobre la que apuntan los soldados, en una postura que puede recordar al observador el trabajo en la

fábrica y el carácter de clase del ejército republicano.


Detalles técnicos del cartel:

Autor, Solá. Editor, SPD-UGT. Medidas, 100 X 70 cm. (Col. CEHC.)


Fuente: “Carteles de la Guerra Civil Española”, Ediciones Urbión, S.A. 1981.


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